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jueves, 8 de diciembre de 2016

FOLK, VASOS ROTOS Y VIOLINES PARLANTES.

Igual que a veces acabas viendo una película porque te gusta un actor, los aficionados a la música, cuando reconocen el nombre de ese interprete secundario que imprime carácter y mejora la secuencia – y la melodía -, pueden acercarse a grabaciones varias con la certeza de que encontrarán el sonido que les gusta o al menos, alguna nota de interés. Y algo así fue con el violinista Jaime Lapeña, cuya mención en los créditos de los discos imprimía un marchamo de calidad folkie que incrementaba el interés en la escucha, independientemente del artista de que se tratase. Luego ya, con menos premeditación, se terminó apreciando su versatilidad a las cuatro cuerdas, la cualidad de la interpretación, el acabado del arreglo y la emoción con la que contribuía a buscar el mejor lado de las canciones o a completarlas. A juzgar por los estilos que toca y ha tocado (clásica, celta, rock, canción argentina, ...), un violín de muy largo recorrido el de Jaime Lapeña. Y un músico, da la impresión, animado siempre a embarcarse por una buena melodía.
Bandada Marina Solo tengo hoy – Dynamos Quiero encontrar la felicidad – Distrito Catorce Si tuviera un día más – El Bosque Vaso roto – Dos Lunas La canción del espantapájaros – E.B.A. Purple dress – Cornamusa Lécera – Loquillo Cantores – El Bosque Hez – Ángel Petisme Amor y cartografía


La foto, tomada de una imagen de Silvia Sola & The Drunken Birds, a los que puedes escuchar aquí.

domingo, 7 de agosto de 2016

IN THE MUD AGAIN


Una historia que persuade a través del arco dramático y de la fuerza del elenco, pero que encuentra un aliado verídico en las localizaciones y en las ocupaciones de algunos de sus personajes. En la película Mud (Jeff Nichols, 2012), se pueden admirar grandes paisajes, reconocibles y vinculados a determinadas imágenes literarias que junto a los rasgos universales de los protagonistas, refuerzan la dureza o emotividad de las situaciones y permiten la inmediata identificación del espectador. En su banda sonora, y siguiendo el ejemplo de la propia construcción del argumento, hay ensamblados una serie de sonidos que pretenden servir a la trama pero que en algunos momentos se distinguen con su particular autonomía. Así, está la música genuinamente funcional de David Wingo (Opening), pero también las sustanciosas aportaciones de Dirty Three (This Night, Alice Wading, In Fall) o el apoyo lírico o rítmico de Lucero y de Ben Nichols (The Kid).
Música y entorno aliados para cuidar una historia que en su localidad aspira a relatar una vez más la pérdida de la inocencia y la lucha por evitar más perdidas. Aspecto este, que se emparenta, no solo en la forma, con una de las inspiraciones confesadas de la película, el libro The Last River: Life Along Arkansas’s Lower White de Turner Browne (University of Arkansas Press, 1993). Este registra con sentido detalle la vida de las gentes del río, una cultura cuasi desaparecida, víctima de la petulancia moderna y de los dragados. Y para completar el repaso fluvial las canciones de Ben Weaver (Split Ends), Grant – Lee Phillips (Wish I knew), Cut In The Hill Gang (The Right To Love You), Gillian Welch (Ruination Day Part II) y Joe Henry (Dark Tears).
Puedes acceder a las localizaciones de la película, aquí.

LA PROXIMIDAD

Hay todo un país al pie de la piedrasi te tomas la molestia de mirar. Son los versos que descubren La escala de las cosas, de la poetisa y directora de cine Margaret Tait (Kirkwall 1918-Kirkwall 1999). Una selección de su poesía y ensayos, junto con textos sobre su obra pueden encontrarse compilados en el libro Gallina significa miel (Gobierno de Navarra, 2015), que fue editado con motivo de la retrospectiva que le dedicó el festival Punto de Vista. En Tait se encuentra el cuidado y la consideración por el entorno más inmediato y las cosas (pequeñas) más cercanas. Eso sí, su mirada no es rutinaria sino entusiasta y guarda o revela imágenes dotadas de intensidad generosa para el que se tome la molestia de contemplarlas.
La de Margaret Tait fue una perspectiva auto-gestionada que recuperaba la idea de que vivir el instante, construye “Memoria” y te hace más respetuoso con la cercanía. Celebrando un acercamiento extraoficial y de puntillas, se proponen un serie de injertos musicales, que pudieran ser brotes a partir de algunos de sus fotogramas: King Creosote (Twin Tub Twin), Freddie Stevenson (The Ropemaker´s Daughter),Aidan O´Rourke (Eas Fors), Fairport Convention (Autopsy), Rock Salt & Nails (Maas), Trashcan Sinatras (Half an Apple), Ivan Drever (What You Hear), Tunng (Cans), Ian Bruce (Green Grow the Rashes O) y The Innocence Mission ( I Still Tell You My Every Day).
Puedes leer un motivador artículo de Elena Duque o visionar sus películas en la Librería Nacional de Escocia.

SE PUEDE VIVIR AQUÍ

Nunca fuimos árboles pero habremos visto a personas parecerse.Kath Bloom y Bill Fay son dos voces que planean sobre la estepa folk con el típico pasaporte de “culto”. Desarrollando una carrera breve en los setenta y desapareciendo rápidamente para casi nadie. Después, dedicados a sus cosas,  ajenos a los elogios y a las demandas del público. En los dos mil, una confluencia casual de circunstancias y el interés de  patrocinadores de gustos selectos, arbitra su vuelta discográfica y su puesta en valor para nuevas generaciones, que aprecian su gran clase musical y sus aires humildes y despreocupados.
De Kath Bloom, el repaso a su disco Thin Thin Line (Caldo Verde, 2010) a través de FreddieDangerous daysThin Thin LineAnother point of view y Heart so sadly y de Bill Fay, su disco Life is people (Dead Oceans, 2012) a través de The never ending happeningThe coast no man can tellJesus Etc., Big Painter yCosmic Concerto (Life is people). Se podrá pensar que ese estado de gracia y esa liberación de los “pecados” buscados que apresan al artista, son el resultado de la edad o del destierro forzado del “entarteinment”, aunque parece que gente como Kath y Bill, ya eran antes así.
En la foto, una joven Kath Bloom.

EL SIMULACRO

La música de Aidan Bartley como la fuga perfecta, desde sus orígenes irlandeses hasta la fantasía centroeuropea, revisitando un pasado, primero inmediato y personal, después real pero ajeno. Un itinerario trazado con los tiralíneas de músicos admirados por Bartley anteriormente, casi siempre narradores graves y minimalistas de cuerdas percutidas. La selección se compone de diversos fragmentos de casi todos sus discos: Between the gutter and the stars, 1996 (Foreign LegionFade away,All I want is everythingBlue), Soulstream, 1997 (October´bonesGlassDays like theseSakbalin Island), Vaudeville (Maps and clocksDrehorgelThe tree), Fragments of a daydream, 2008 (Smoke and mirrors) y Silhouettes, 2010 (Nora).
Una imitación muy seria que ha terminado dejando su rastro y que, utilizando paisajes cercanos, abre nuevas vistas a un pasado fabulado pero trufado de experiencias personales y referencias históricas. Canciones que son secuencias familiares, que vimos o leímos antes y que nos preparan para distinguir (y disfrutar) de la realidad y del relato.
Puedes consultar más datos sobre Aidan Bartley y descubrir más  imágenes como la de arriba pinchando en este enlace.